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viernes, 8 de noviembre de 2013
Hubo un tiempo
Hubo una época
cuando todo eran risas, locura,
juventudes,
y la noche era ruidos de cantos de sirenas,
un tiempo en que los bares
guardaban nuestros pasos
y una risa apagada, era lo más amargo
que podías sentir,
un tiempo en que los cuerpos
eran el no cobijo de nuestras madrugadas,
y los desconocidos miraban nuestros ojos
con cada amanecer.
Hubo un día una época
en que no había presión ni decepciones,
no éramos responsables de más
que nuestra nada,
un tiempo en que era solo,
soledad y reencuentro,
solo un tiempo pasando hacia
éste futuro,
hacia la madurez y hacia toda su carga
pero no lo supimos
hasta que ya fue tarde.
jueves, 2 de febrero de 2012
Se acabará perdiendo

Como tanto tiempo,
de una constante vez,
desde el principio, quizás,
desde el comienzo
de toda condición desmesurada.
Como esas veces que, desde hace tanto,
desde hace casi siempre,
todo rumor escapa al temporal de lluvia,
esas veces que algo,
que se puede perder y como todo
se acabará perdiendo,
rebusca su asidero para abrazarse a ti,
para, desde tus brazos,
encontrar sin demora lo poco que exigía.
Como un grito en la aurora,
adivinado,
intuido en el frío recodo de tu cuerpo,
sentido en la distancia,
intuir y sentir que se ha roto y que duele,
reconocer que, ciego, esta vez has perdido.
Como redescubrir que se ha hecho tarde
y no habrá nada ya que lo redima.
Publicado en el libro IV-V-VI-VII Certámenes Literarios “8 de Marzo” de relato corto y poesía. 1999-2002.
viernes, 30 de diciembre de 2011
La vida no debería ser esto

Como almas en pena,
movidos por el sueño de lo que nunca fuimos,
sin ser al fin capaces de alzar los pies del suelo,
atados a un reloj…
La vida
no debería ser esto, te repites.
Pero la realidad se agolpa impenetrable
en los ojos cansados
que en el vagón devuelven a tu mirada inerte
reflejos de caminos paralelos.
Yo no,
no a mí,
yo sé que a mí la vida
me guarda otro destino…
Mentiras como salmos que todas las mañanas
acompañan tus huesos al pie de la oficina…
martes, 13 de septiembre de 2011
Tiempo de reescribir
Es hora de borrar, y cuenta nueva,
hora de hacer capítulo de daños,
recoger lo sembrado, (los minutos de dichas,
el pus de las heridas por tenerlas presentes,
los platos que rompí, por no dejar añicos)
y mirar al futuro.
No hay nada ya de ayer entre mis nuevos pasos.
Todo pasó, sin más,
sin dejar ni siquiera resquicios de dolor o de alegría.
Se fugó, se hizo humo,
recuerdo del recuerdo que ha de ser olvidado.
Mi vida fue... mi vida,
(qué voy a relataros si fui parte de ella).
Fue, supongo, una vida
como todas las vidas
con sus sombras y luces.
Yo sé que en esa vida reí como ninguno.
Sé que también sufrí,
aunque nunca mis labios pronunciaran el llanto
que me anidó por dentro,
que quise y fui amado durante muchas horas
donde todo era cielo sin rastro de tormentas.
Que incluso, algunas noches
llevaron en su esencia con nombre y apellidos
un diminuto mundo que giraba al completo
sin precisar de otros.
Que aprendí en cada golpe a ponerme de pie,
a seguir respirando,
como aprendí también a recaer de nuevo,
-lo que es el más difícil y grande de mis logros-.
Hoy, qué importa la fecha,
comprendo que esa vida ha tocado a su fin.
Es hora de hacer cupo de cenizas,
reinventarme otra vida para este mismo cuerpo,
buscar,
seguir buscando,
aquello que le traiga ilusión a mi rostro,
a todas las mañanas,
a todos los segundos que me queden,
(si es cierto que aún me queda un tiempo que perder).
Empezar otra vez a construirme
como si fuera hoy el primer día
que mis ojos toparan con el sol.
Comenzar, como un niño,
viendo por vez primera lo que he visto mil veces,
reescribiendo mi historia con la letra de aquellos
que saben que la historia muchas veces se tuerce,
se rompe,
se desmembra,
sin que por eso el mundo se detenga en su marcha.
Borraré lo anterior, pulsando alguna tecla
del todo imaginaria,
que hará que se evaporen los sueños del ayer.
Cuanto he sido feliz,
cuanto he penado,
formará entonces parte de una historia lejana,
del recuerdo de un otro que alguna vez fui yo,
aunque no sea yo mismo.
Perdonen quienes dejo mis ausencias.
Reciban quienes lleguen mis futuros.
hora de hacer capítulo de daños,
recoger lo sembrado, (los minutos de dichas,
el pus de las heridas por tenerlas presentes,
los platos que rompí, por no dejar añicos)
y mirar al futuro.
No hay nada ya de ayer entre mis nuevos pasos.
Todo pasó, sin más,
sin dejar ni siquiera resquicios de dolor o de alegría.
Se fugó, se hizo humo,
recuerdo del recuerdo que ha de ser olvidado.
Mi vida fue... mi vida,
(qué voy a relataros si fui parte de ella).
Fue, supongo, una vida
como todas las vidas
con sus sombras y luces.
Yo sé que en esa vida reí como ninguno.
Sé que también sufrí,
aunque nunca mis labios pronunciaran el llanto
que me anidó por dentro,
que quise y fui amado durante muchas horas
donde todo era cielo sin rastro de tormentas.
Que incluso, algunas noches
llevaron en su esencia con nombre y apellidos
un diminuto mundo que giraba al completo
sin precisar de otros.
Que aprendí en cada golpe a ponerme de pie,
a seguir respirando,
como aprendí también a recaer de nuevo,
-lo que es el más difícil y grande de mis logros-.
Hoy, qué importa la fecha,
comprendo que esa vida ha tocado a su fin.
Es hora de hacer cupo de cenizas,
reinventarme otra vida para este mismo cuerpo,
buscar,
seguir buscando,
aquello que le traiga ilusión a mi rostro,
a todas las mañanas,
a todos los segundos que me queden,
(si es cierto que aún me queda un tiempo que perder).
Empezar otra vez a construirme
como si fuera hoy el primer día
que mis ojos toparan con el sol.
Comenzar, como un niño,
viendo por vez primera lo que he visto mil veces,
reescribiendo mi historia con la letra de aquellos
que saben que la historia muchas veces se tuerce,
se rompe,
se desmembra,
sin que por eso el mundo se detenga en su marcha.
Borraré lo anterior, pulsando alguna tecla
del todo imaginaria,
que hará que se evaporen los sueños del ayer.
Cuanto he sido feliz,
cuanto he penado,
formará entonces parte de una historia lejana,
del recuerdo de un otro que alguna vez fui yo,
aunque no sea yo mismo.
Perdonen quienes dejo mis ausencias.
Reciban quienes lleguen mis futuros.
miércoles, 27 de julio de 2011
viernes, 10 de junio de 2011
En blanco

Mi corazón en blanco
espera alguna mano que lo escriba.
No hay letra que le alcance
en estos días absurdos
ni mano que se acerque con su pluma
por fin a darle un nombre.
Con todos los silencios del papel,
mi corazón en blanco,
se encuentra en esta noche
sin palabras.
Mi corazón en blanco
con delirios de tinta y trementina
sufre las pesadillas del vacío.
domingo, 10 de abril de 2011
Con tu último abrazo,
recogiste del suelo tu camisa de cuadros,
buscaste tus zapatos debajo de la cama,
llenaste tus bolsillos con todas tus señales
y me dijiste adiós.
Al borde la puerta,
vi como deshacías el camino que andamos
hacía ya algunas horas,
cómo rebobinabas las horas con los pasos,
cómo por el pasillo que conduce a la entrada
borrabas con tus prisas las ganas de sabernos,
las verdades a medias que nunca nos contamos,
el sueño de tenerte, de nuevo, a mi costado,
Lo que nunca diré y que callo, orgullosa,
porque me puede el miedo de que no reconozcas
mi voz, si lo pronuncio,
de que no me acompañes otra vez,
otra noche,
por el mismo pasillo por el que ahora te alejas
hacia ese otro lugar,
hacia ese tu otro mundo, en el que yo no existo,
donde habitan más cuerpos, más bocas,
muchas manos,
donde no eres aquél que a veces reconozco
cuando dejas caer todos los antifaces
en noches como esa,
antes de recogerlos junto a tus pertenencias
y volver a alejarte.
Al borde de la puerta,
el miedo y la nostalgia de saber que he perdido
se apoderan de mí.
Al borde de la puerta,
solo espero que un día, cuando aún no sea tarde,
tenga al fin el valor de decir lo que callo:
No te vayas, aún no,
deja que me refugie otra vez en tu abrazo,
deja que me descubra, por fin,
que muestre el sentimiento que me empuja a tus brazos,
que haga luz en la oscura neblina que hoy habita
aún entre nosotros,
que muestre mis heridas para que al fin comprendas
que miento cuando callo y agacho la mirada
para decirte adiós,
fingiendo que no importa que tomes el pasillo
desandando tus pasos,
que miento cada noche
negando que no hundiste mi armadura y mis muros,
que no me desarmaste una tarde, hace tiempo.
Que no te necesito.
Al borde de la puerta,
cuando veo a tu urgencia salir en pos del día
sueño con que la noche regrese a visitarnos.
Y continúo callada.
Al borde de la puerta,
al borde del abismo que solo yo he creado,
con el miedo y tu ausencia mirándome de frente.
recogiste del suelo tu camisa de cuadros,
buscaste tus zapatos debajo de la cama,
llenaste tus bolsillos con todas tus señales
y me dijiste adiós.
Al borde la puerta,
vi como deshacías el camino que andamos
hacía ya algunas horas,
cómo rebobinabas las horas con los pasos,
cómo por el pasillo que conduce a la entrada
borrabas con tus prisas las ganas de sabernos,
las verdades a medias que nunca nos contamos,
el sueño de tenerte, de nuevo, a mi costado,
Lo que nunca diré y que callo, orgullosa,
porque me puede el miedo de que no reconozcas
mi voz, si lo pronuncio,
de que no me acompañes otra vez,
otra noche,
por el mismo pasillo por el que ahora te alejas
hacia ese otro lugar,
hacia ese tu otro mundo, en el que yo no existo,
donde habitan más cuerpos, más bocas,
muchas manos,
donde no eres aquél que a veces reconozco
cuando dejas caer todos los antifaces
en noches como esa,
antes de recogerlos junto a tus pertenencias
y volver a alejarte.
Al borde de la puerta,
el miedo y la nostalgia de saber que he perdido
se apoderan de mí.
Al borde de la puerta,
solo espero que un día, cuando aún no sea tarde,
tenga al fin el valor de decir lo que callo:
No te vayas, aún no,
deja que me refugie otra vez en tu abrazo,
deja que me descubra, por fin,
que muestre el sentimiento que me empuja a tus brazos,
que haga luz en la oscura neblina que hoy habita
aún entre nosotros,
que muestre mis heridas para que al fin comprendas
que miento cuando callo y agacho la mirada
para decirte adiós,
fingiendo que no importa que tomes el pasillo
desandando tus pasos,
que miento cada noche
negando que no hundiste mi armadura y mis muros,
que no me desarmaste una tarde, hace tiempo.
Que no te necesito.
Al borde de la puerta,
cuando veo a tu urgencia salir en pos del día
sueño con que la noche regrese a visitarnos.
Y continúo callada.
Al borde de la puerta,
al borde del abismo que solo yo he creado,
con el miedo y tu ausencia mirándome de frente.
miércoles, 30 de marzo de 2011

“Aquí la nada y todas
las cosas en su sitio”
RAFAEL GUILLEN
y los libros, las velas, los recuerdos
enjaulados, las fotos, quizá los sentimientos,
pero tú ya no estás, porque estoy sola,
seguramente sola,
y no logro dejar de ver el tiempo,
este dichoso tiempo que ahora no transcurre
cuando ayer se esfumaba dejándonos desnudos,
corriendo, date prisa,
sin poder disfrutar de aquellas sensaciones,
del cansancio, el sudor,
los dulces arañazos de la espalda,
y el frío,
ese maldito frío de después del deseo
que hiela nuestros besos.
Y miro hacia la puerta, y no se abre,
y todo sigue igual. Me sigo levantando,
y corro, y subo, y bajo, y leo tus poemas
antes de darme al sueño,
y si salgo a la calle
rebusco en las esquinas para ver si apareces
así, como de pronto,
para después decirte que habrá sido el destino,
el duende puñetero,
que no quiere dejar que estemos lejos.
Regreso, sin haberte encontrado.
(Aquí, solo el silencio).
El teléfono mudo me devuelve del sueño
gritándome al oído que no tengo mensajes.
Desordeno las cosas
buscando alguna nota que diga que has venido,
que me echas de menos,
que no puedes vivir si no estoy cerca,
que quizás te es difícil salir de la rutina,
o que riegue las plantas.
Pero no encuentro nada y solo siento el frío,
el orgulloso frío de estas cuatro paredes
que impiden que ahora vaya tras tus pasos
suplicando que vuelvas,
diciendo a voz en grito que te echo de menos,
que no puedo vivir si no estás cerca,
que sin duda es difícil salir de la rutina,
y que, cómo olvidarme,
te he regado las plantas.
Y nada de esto ocurre y sigo sola,
seguramente sola,
inmóvil en el centro de la casa vacía,
buscando inútilmente tu voz entre las cosas,
y mirando a la puerta
que sigue sin abrirse.
(Publicado en el Poemario "Crecerán Recuerdos")
martes, 25 de enero de 2011
“Imaginar los sitios posibles donde estabas, (…)
saber que nos mirábamos antes de conocernos,
son capítulos largos de mi vida”
Luís García Montero
saber que nos mirábamos antes de conocernos,
son capítulos largos de mi vida”
Luís García Montero
No debí abrir tu puerta. Creo que la forcé,
puede que demasiado.
Sabía que estaría abierta para mí.
Sabía que, si llamaba,
como llamé en silencio,
te harías realidad bajo su marco.
Desde el primer contacto que tuve con tus letras
tenía la certeza de aparecer un día
perdida entre tus líneas.
Era cuestión de tiempo.
El problema es que ahora
que pretendo cerrarla,
no doy con el camino de regreso…
lunes, 22 de noviembre de 2010
Voy construyendo un mundo a cada paso.
Voy poniendo las piedras
de lo que será un día,
engendrando imposibles, quizás,
forjando polvo,
pero creando al fin un universo
que será para mí, si sé guardarlo.
Puede que mis pisadas no lleven a buen puerto,
puede que me equivoque, otra vez,
que me derrumbe
en otro atardecer, cuando las sombras
vengan a visitar mis estructuras,
pero volveré a alzarme con el día,
limpiaré las migajas del pasado perdido,
y seguiré mi viaje.
Porque nada me queda en esta vida
más que la inmensidad
y la esperanza.
de lo que será un día,
engendrando imposibles, quizás,
forjando polvo,
pero creando al fin un universo
que será para mí, si sé guardarlo.
Puede que mis pisadas no lleven a buen puerto,
puede que me equivoque, otra vez,
que me derrumbe
en otro atardecer, cuando las sombras
vengan a visitar mis estructuras,
pero volveré a alzarme con el día,
limpiaré las migajas del pasado perdido,
y seguiré mi viaje.
Porque nada me queda en esta vida
más que la inmensidad
y la esperanza.
Más allá de la calma que da el conocimiento...
de saber que las cosas, no sólo lo tangible,
sino todas las cosas que un buen día sentimos,
la soledad, el llanto, el vacío del alma,
el frío desolado que dejan las verdades,
la pérdida, la espera,
el miedo y el quebranto,
y también la alegría,
decía,
más allá de saberlos y de sabernos tiempo,
verdad cronometrada,
polvo sobre la tierra que seguirá girando
cuando hayamos pasado y muera el sentimiento
que hoy nos acompaña,
cuando todo se vuelva nuevamente distinto,
y dé a luz la mañana otra mañana nueva,
lejana a esta mañana cargada de resacas
y recuerdos de ayer,
más allá de esa calma que aporta lo caduco,
el saberlo caduco,
me agota el desconsuelo de no ser más que tiempo,
de no ser más que hoy, tal como soy hoy mismo.
Mañana seré otro con otras realidades,
olvidaré la pena y el frío que me obligan
a escribir estas líneas. Mataré el sentimiento
que hoy me convierte en vida
y seguiré camino.
Saber de los finales no calma la desdicha
ni hay recuerdo que lata
igual que los presentes.
sino todas las cosas que un buen día sentimos,
la soledad, el llanto, el vacío del alma,
el frío desolado que dejan las verdades,
la pérdida, la espera,
el miedo y el quebranto,
y también la alegría,
decía,
más allá de saberlos y de sabernos tiempo,
verdad cronometrada,
polvo sobre la tierra que seguirá girando
cuando hayamos pasado y muera el sentimiento
que hoy nos acompaña,
cuando todo se vuelva nuevamente distinto,
y dé a luz la mañana otra mañana nueva,
lejana a esta mañana cargada de resacas
y recuerdos de ayer,
más allá de esa calma que aporta lo caduco,
el saberlo caduco,
me agota el desconsuelo de no ser más que tiempo,
de no ser más que hoy, tal como soy hoy mismo.
Mañana seré otro con otras realidades,
olvidaré la pena y el frío que me obligan
a escribir estas líneas. Mataré el sentimiento
que hoy me convierte en vida
y seguiré camino.
Saber de los finales no calma la desdicha
ni hay recuerdo que lata
igual que los presentes.
domingo, 21 de noviembre de 2010
Segundos detenidos
Los relojes no andan.
Cuando estás a la espera,
cuando ansías que corran en pos de algun mensaje,
de una breve señal,
el tiempo se detiene
cruel e inapelable.
Las manecillas lentas te insultan con segundos
que se van dilatando convirtíendose en horas,
en siglos de silencios,
en miedo,
simplemente,
Cuando estás a la espera,
cuando ansías que corran en pos de algun mensaje,
de una breve señal,
el tiempo se detiene
cruel e inapelable.
Las manecillas lentas te insultan con segundos
que se van dilatando convirtíendose en horas,
en siglos de silencios,
en miedo,
simplemente,
en el terrible miedo de pensar que has llegado
al borde de otra época
que también,
como todas,
ha llegado a su fin.
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